martes, 23 de septiembre de 2008

Explicación de la Santa Misa (XII): La Epístola

Los judíos comenzaban la asamblea del sábado en sus sinagogas por las lecturas sacadas del libro de Moisés y los profetas; los primeros cristianos siguieron este ejemplo en la reunión del domingo para el sacrificio. Sin duda que hubiera podido substituirse con la lectura del Evangelio en cuanto se escribió, pero convenía mostrar a los fieles la relación del Antiguo Testamento con el Nuevo.
La primera lectura de la Misa se llamó epístola o carta, porque frecuentemente y casi todos los domingos del año se toma de las epístolas canónicas de los apóstoles. Esta denominación genérica se conserva aún en las Misas en que se toma de los demás libros del Antiguo y del Nuevo Testamento; por lo demás, no se lee nada en la instrucción litúrgica que no se tome de la Santa Escritura; no obstante que en los primeros tiempos permitiesen los apóstoles tomar estas lecturas de las cartas de las iglesias o de los hombres apostólicos.
Las epístolas tienen siempre relación con el misterio, con la fiesta, o con el Evangelio que debe seguirse. Así, en el día de la Epifanía hace leer la Iglesia aquel famoso pasaje de Isaías donde se anuncia tan claramente la venida de los magos y la naturaleza de sus presentes; el día de Santa María Magdalena se lee el pasaje del cántico que pinta de un modo admirable el ardor y celo para encontrar a Jesucristo.
Además de todas estas relaciones que la piedad debe esforzarse en comprender, el fondo de la epístola, así como el del Evangelio, tiene por objeto ulterior preparar la inmolación moral del hombre, purificar el corazón de los fieles y hacerlos dignos de ofrecerse en sacrificio con Jesucristo. El sacerdote lee la epístola en voz inteligible, apoyadas las manos en el altar o en el libro en prueba de su adhesión inviolable a la palabra santa.
Moisés, antes de comenzar la alianza representativa y de esparcir por el pueblo la sangre de las víctimas, tomó el libro de la ley, leyó en voz alta los mandamientos de Dios e hizo jurar al pueblo su observancia; así en la Misa, antes de derramar sobre nuestras almas la sangre de la alianza nueva y eterna, lee la Iglesia la ley, la explica y exige una profesión de fe. Que la instrucción solemne de la liturgia nos haga, pues, acercarnos al altar con una fe plena y un corazón recto, dispuesto a lavarse en la sangre del Mediador.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Domingo diecinueve después de Pentecostés

Del Evangelio de este día se desprende una consecuencia que no debemos olvidar nunca: que son muchos los llamados y pocos los escogidos. Lo cual nos pone de manifiesto, que no les basta, a los que han llegado al uso de razón, estar bautizados y pertenecer a la Iglesia, sino que además, que conserven en el alma la gracia santificante o la recuperen si la han perdido. Hay cristianos que se mofan de la religión o que no la practican; otros, que no se atreven a tanto, pero no cumplen sus deberes religiosos, siquiera los más necesarios, viven absorbidos por sus quehaceres o entregados a sus diversiones; son cristianos de nombre, pero sin obras de cristianos. Esos tales, corren inminente riesgo de que les sorprenda la muerte sin el vestido de bodas.
Oremos por esos cristianos tibios y ayudémosles, si nos es posible, a salir de esa tibieza religiosa; que oiban el llamamiento, que tal vez es la última invitación para participar del banquete nupcial de la eternidad.
En el INTROITO, en su antífona y versículo, el Señor nos asegura solemnemente su protección y nos invita a oír sus palabras.
Introito : Yo soy la salvación del pueblo, dice el Señor; en cualquier tribulación en que gritaren a mi, les oiré, y seré su Señor para siempre. (Ps. 77) Atiende, pueblo mío a mi ley; inclina tus oídos a las palabras de mis labios. - Gloria al Padre..
Oración: Omnipotente y misericordioso Dios, aparte propicio todo lo que nos es adverso; para que libres en alma y cuerpo, cumplamos con libre voluntad tus deseos. Por Nuestro Señor Jesucristo...
En la EPISTOLA , el apóstol San Pablo nos advierte la obligación que tenemos de despojarnos de las obras del hombre de pecado, y de revestirnos del hombre nuevo, creado a imagen de Dios, viviendo en justicia y santidad.
Epístola (Ef., 4 , 23-28): Hermanos, renovaos en el espíritu de vuestra alma, y revestíos del hombre nuevo, creado según Dios en justicia y caridad verdadera. Por lo cual, sacudiendo de vosotros la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo, como miembros que somos unos de otros. Airaos, pero no pequéis: el sol no se ponga durante vuestra indignación, ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, ya no hurte, sino más bien trabaje haciendo con las propias manos lo bueno, para tener de qué comunicar al que se halla en necesidad.
Gradual (Ps. 140): Ascienda mi oración ante tu presencia, como el incienso, Señor. Sea la elevación de mis manos como el sacrificio de la tarde.
Aleluya, aleluya. (Ps. 104), alabad al Señor, invocad su nombre; anunciad sus obras a los pueblos. Aleluya.
EVANGELIO: La parábola del banquete nupcial encierra varios simbolismos. En primer lugar, en aquellos que rechazan la invitación al banquete, está representado el pueblo judío, que al desposarse el Verbo divino con la humanidad, rechazó participar de su familia y persiguió a sus ministros, viendose reemplazado por los pueblos de la gentilidad, figurados en los viandantes, mandados a buscar por el rey.
Evangelio (Mat. 22, 1-14): En aquel tiempo, Jesús tomó la palabra y dijo una parábola a los príncipes de los sacerdotes y a los fariseos: En el Reino de los cielos acontece lo que cierto rey que celebró las bodas de su hijo. Envió a sus criados a llamar a los convidados a las bodas, pero éstos nos quisieron venir. Otra vez envió nuevos criados con orden de decir de su parte a los invitados: tengo dispuesto el banquete; he hecho matar mis terneros y demás animales cebados; todo está a punto; venid pues, a las bodas. Pero ellos no hicieron caso; antes bien, se marcharon, unos a su granja, y otros a sus asuntos cotidianos. Los demás cogieron a los criados, y después de haberlos llenado de ultrajes, los mataron. Lo cual, oído por el rey, montó en cólera, acabó con aquellos homicidas y arrasó su ciudad. Entpnces dijo a sus criados. Los avisos para la boda se hicieron, pero los invitados no eran dignos de acudir a ellas; id, pues, a los cruces de caminos, y a todos cuantos encontréis, invitadlos a las bodas. Al punto, los criados, saliendo a los caminos, reunieron a cuantos hallaron, buenos y malos; de suerte que la sala de bodas se llenó de gentes, que se pusieron a la mesa. Entrando después el rey a ver a los invitados, reparó allí un hombre que no iba con traje de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestido de boda? Pero él enmudeció. Entonces dijo el rey a sus ministros de justicia: Atadlo de pies y manos, y arrojadle fuera, a las tinieblas, allí será el llanto y el crujir de dientes. Ciero es que muchos son los llamados y pocos los escogidos.
Ofertorio (Ps. 137): Si me hallare, Señor, en medio de la tribulación, tu me animarás, porque extenderás tu mano contra el furor de mis enemigos y me salvará tu diestra.
Secreta: Estas ofrendas, que presentamos a tu majestad, te suplicamos que sean para nuestra salvación. Por Nuestro Señor Jesucristo...
Comunión (Ps. 118): Tú ordenaste que se guarden exactísimamente tus mandamientos; ojalá que sean enderezados mis pasos a cumplir tus justísimas leyes.
Poscomunión: Señor, que tu saludable acción nos libre por tu clemencia de nuestras adversidades, y nos haga caminar siempre por tus mandamientos. Por Nuestro Señor Jesucristo...

miércoles, 17 de septiembre de 2008

SE CREA UNA VOCE HISPANIA

Una Voce en España
Con el objetivo de coordinar esfuerzos y unir a distintas asociaciones de laicos vinculados a la Misa Gregoriana, llamada por el Santo Padre Benedicto XVI Forma Extraordinaria del Rito Romano, nace la Federación Una Voce Hispania. Una Voce Hispania es el capítulo español de la Federación Internacional Una Voce y su objetivo es el de reunir en este mismo capítulo a todas las asociaciones afines que vayan surgiendo en España, para mejor cumplir los fines de todas y cada una que pueden resumirse en el mantenimiento, defensa y difusión de la liturgia romana extraordinaria en todas sus expresiones y, particularmente, la Misa Gregoriana, así como de todo el entorno artístico y musical que la rodea. La primera asociación que hubo en España vinculada a Una Voce Internacional fue la asociación Roma Aeterna, de Barcelona, a la que siguieron Una Voce Sevilla, Una Voce Madrid, Una Voce Málaga, Una Voce La Coruña y Una Voce Reino de Castilla. La promulgación del Motu Proprio Summorum Pontificum por el Santo Padre Benedicto XVI ha supuesto el renacimiento en España de un interés renovado por la Forma Extraordinaria de la Misa, lo que ha propiciado el nacimiento de asociaciones similares por diversos puntos de nuestra geografía. Una Voce Hispania, ahora que se cumple un año de la entrada en vigor de Summorum Pontificum, nace además con vocación de estimular la creación de nuevas asociaciones que quieran promover la liturgia tradicional, y también para velar por la correcta aplicación de Summorum Pontificum en nuestro país, tratando de aunar la voz de distintos grupos de fieles españoles interesados en la herencia latina de la Iglesia Católica y sirviendo, mediante el diálogo, de vehículo para su expresión ante nuestros pastores y la sociedad en general.
El 14 de septiembre de 2008, Festividad de la Exaltación de la Santa Cruz y primer aniversario de la entrada en vigor del Motu Proprio Summorum Pontificum, las seis primeras asociaciones miembros del capítulo español de Una Voce decidimos lanzar a la Red esta sencilla página, que en el dominio de unavoce.es, irá creciendo con el tiempo, D. m., dotándose de contenidos y que esperamos que produzca buenos y abundantes frutos, para mayor gloria de Dios, en España.
Imágenes de la Santa Misa
cantada en la parroquia de Santa Cruz de Mondoy
el domingo 14 de septiembre de 2008
Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz
y I aniversario de la puesta en vigor del Motu Proprio Summorum Pontificum


domingo, 14 de septiembre de 2008

EL DIARIO LA VOZ DE GALICIA ANUNCIÓ AYER LA MISA TRADICIONAL QUE SE CELEBRARÁ HOY 14 DE SEPTIEMBRE EN MONDOY...


...tanto en su versión impresa (pág. L12),


La noticia dice así:


La parroquia de Santa Cruz de Mondoy celebra mañana una misa tradicional cantada


La parroquia de Santa Cruz de Mondoy, en Oza de los Ríos, celebrará a las 20 horas de mañana una misa cantada que seguirá la forma extraordinaria del rito romano. Se oficiará con motivo del primer aniversario de la aplicación del Motu propio Summorum Pontificium promulgado por el Papa Benedicto XVI.
El Motu propio Summorum Pontificium, dado en Roma por Benedicto XVI el 7 de julio de 2007, establece las condiciones en las que se ha de celebrar la llamada forma extraordinaria del rito romano, también conocida como Misa Tradicional, Tridentina, Gregoriana o de San Pío V. Asimismo, reconoce el derecho de seglares y sacerdotes a oírla y celebrarla.
A petición
La parroquia de Santa Cruz de Mondoy es la primera y única parroquia de la provincia en la que, a petición de un grupo de feligreses, viene celebrando esta misa todos los domingos.
Una cita a la que, además de los fieles de dicha parroquia, también suele acudir un grupo de laicos de la Asociación Una Voce La Coruña.



14 de septiembre
EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ
ORIGEN DE ESTA FIESTA
Emperadores, reyes, conquistadores, en una palabra todos los grandes de la tierra, se complacen en ostentar por doquiera los signos de su autoridad y los emblemas de su poderío. Las naciones todas muéstranse orgullosas de izar y desplegar sus banderas por lejanas tierras. Pero cualquiera que sea su poder, a despecho de su orgullo y de sus locas ambi­ciones, los grandes de acá abajo nunca llegan, en realidad, a extender su dominio más que en una pequeña parte del mundo. Más allá de los límites de sus posesiones, tienen el dolor de ver ondear los emblemas de otras potencias en vez de los suyos.
Tan sólo el Monarca del cielo, el Rey de reyes, puede levantar un es­tandarte que domine sobre todas las regiones o imperios del universo mundo. Este estandarte que no ha sido manchado con sangre de los ven­cidos, ni amasado con lágrimas de los oprimidos, que no ha sido plantado sobre ruinas y cadáveres, es la Cruz de Cristo prenda de paz, de felicidad y de perdón.
Constantemente perseguida y hollada en esta tierra que ha santificado con su presencia, ha triunfado siempre de todas las persecuciones y se ha levantado más hermosa y radiante después de la tormenta, viendo caer vencidos y deshechos a los emperadores y procónsules que la persiguie­ron. Asociada por Cristo al cáliz de sus ignominias, participa aquí abajo del esplendor de su triunfo y de la gloria de su inmortalidad.
En los primeros siglos del Cristianismo, la Cruz divina, en la cual quiso sufrir y morir Jesucristo, había permanecido desconocida y oculta, como si la Providencia hubiera querido por eso mismo sustraerla a la rabia de sus perseguidores. Descubierta por las diligencias de la piadosa reina Santa Elena, junto al Santo Sepulcro de Jerusalén, en donde había sido enterrada, y oficialmente reconocida por el sello del milagro, fue enarbolada con gran pompa en la cima del Calvario, en donde tres siglos antes había sido levantada por los judíos, entre gritos de odio, insultos y blasfemias. El descubrimiento de la más augusta de las reliquias, es el que la Iglesia celebraba antes el tres de mayo bajo el título de Invención de la Santa Cruz. La solemnidad establecida el 14 de septiembre, con el nombre de Exaltación de la Santa Cruz, al mismo tiempo que nos recuerda nuevos combates y persecuciones, nos invita a celebrar un nuevo triunfo de la Cruz: su rescate del yugo de los persas y su restablecimiento so­lemne en Jerusalén por el emperador Heraclio.
LA CRUZ EN PODER DE LOS PERSAS. EL EMPERADOR HERACLIO SE APRESTA A DEFENDERLA
Tres siglos hacía que la Cruz del Salvador brillaba en el Calvario plantada por el gran Constantino y su madre Santa Elena, cuando un monarca tan impío como cruel, el feroz Cosroes, cayó sobre Jeru­salén con un formidable ejército. Este bárbaro pasó todo a sangre y fuego, tanto en la capital como en todo el país de Israel. Los que pudieron escapar de la matanza cayeron en la esclavitud con los sacerdotes y el patriarca de Jerusalén, Zacarías. El vencedor se apoderó de la Cruz del Salvador y se la llevó a su país idólatra (año 614).
Sucedieron estos hechos cuando ya declinaba el reinado del empera­dor Focas. Los cristianos quedaron transidos de dolor y mudos de es­panto ante tanto desastre. El valiente y piadoso Heraclio, sucesor de Focas, que a la sazón imperaba en Constantinopla, sobreponiéndose al terror que de todos se había apoderado, paralizando los ánimos, se levan­tó para vengar la injuria hecha a su Dios, libertar a los cristianos del yugo de los persas y poner término a sus abominables sacrilegios.
No contando con fuerzas suficientes para luchar con probabilidad de éxito contra enemigo tan terrible como Corroes creyó prudente hacer primero proposiciones de paz, y a este fin envió al general de los persas varios embajadores con orden de aceptar cualquier condición que no fuera contraria a la dignidad y honor del nombre cristiano. Pero el dés­pota sanguinario, embriagado por su propia iniquidad tuvo la osadía de exigir como condición que los cristianos abjuraran de su religión abra­zando el sabeísmo o culto del sol. «Id y decid al que os ha enviado —dijo a los embajadores— que no tenéis que esperar paz de mí mientras per­sistáis adorando como Dios a un hombre crucificado y rehuséis rendir público homenaje al sol».
Indignado Heraclio ante tan infame proposición, no vaciló más y em­pezó los preparativos de guerra. Las Iglesias le entregaron todo el oro y plata de que podían disponer para hacer frente a las primeras necesi­dades de la expedición y los sacerdotes le secundaron con sus fuerzas. Sin embargo no se consiguió reunir más que un reducido ejército, insu­ficiente para secundar el valor del general. Pero, ¿qué importa el número cuando se tiene a Dios por ayuda? Heraclio confiaba en el socorro y la protección del cielo más que en las fuerzas de su ejército para triunfar de sus enemigos. ¿Por ventura no se iba a defender la causa de Dios? A Él, pues, correspondía asegurar el feliz éxito de las armas.
Preparóse para la guerra con el ayuno y la oración. Antes de salir de Constantinopla fue a la Catedral, en actitud penitente. Humildemente prosternado ante el altar pidió al Dios de los ejércitos bendijera una ex­pedición emprendida únicamente por su gloria y la libertad de su Cruz, rogándole asimismo velara con amor sobre su querida Constantinopla durante su ausencia. Parecida súplica y recomendación dirigió a la San­tísima Virgen, a la que profesó toda la vida particular devoción.
—Piadoso emperador —díjole entonces Jorge Pisides—, confiad; Dios no os dejará perecer; en vez de ese calzado negro que por humildad os habéis puesto, volveréis con calzado rojo, tinto en sangre de los persas.
Los acontecimientos no tardaron en verificar esta predicción. Llegó la hora de la salida y Heraclio habiendo recibido el juramento de fidelidad de sus tropas y jurado él mismo combatir con ellas hasta la muerte, con­fió su hijito Constantino al patriarca Sergio y marchó contra los persas.
TRIUNFO DE HERACLIO. LA CRUZ RECONQUISTADA
El héroe cristiano no se equivocó al poner su confianza en el socorro del cielo. Apenas se hubo enfrentado con el enemigo, las legiones infieles se replegaron y dispersaron por todas partes. El impío Cosroes, abandonado de sus soldados, viose obligado a huir vergonzosa­mente, pero perseguido por la venganza divina, fue detenido en su huida y hecho prisionero. Libertado después se vio abrumado de ultrajes y malos tratos y posteriormente condenado a muerte por orden de su propio hijo. Tal fue el fin de este bárbaro, siempre sediento de sangre, que había asolado el Oriente con sus atrocidades y que hizo a los cristianos la guerra más sangrienta e inhumana sufrida hasta entonces.
Heraclio, victorioso, dio solemnes acciones de gracias a Dios por la victoria que acababa de otorgarle tan milagrosamente y ordenó una procesión solemne en la que tuvo parte todo el ejército para patentizar ante todos su agradecimiento al cielo (628).
La Cruz de Nuestro Señor, que había sido el móvil poderosísimo de esta guerra fue también el principal fruto de la victoria. El emperador exigió del nuevo rey persa, Siroes, entre otras condiciones, la devolución de la Santa Cruz de la que Cosroes, su padre, se había apoderado en Jerusalén, y además la libertad de todos los prisioneros imperiales que aún quedasen en cautividad. Entre estos estaba el patriarca Zacarías, separado de su grey hacía catorce años. Por especial protección del cielo, el leño de la verdadera Cruz había permanecido intacto en el estuche de plata en que estaba encerrado.
Gozosísimo el emperador por su triunfo, llevó consigo la Cruz a Cons­tantinopla, donde entró entre las aclamaciones de la multitud, y las de­mostraciones de la más viva simpatía de sus subditos, rodeado del cortejo y pompa acostumbrada, con los antiguos triunfadores. El pueblo salió a su encuentro con antorchas y ramos de olivo.
Por doquier se aplaudía al héroe que con la derrota de los bárbaros había reparado el honor del imperio y la gloria del nombre cristiano. En estos transportes de alegría y entusiasmo saludábase a la Cruz rescatada por fin de las manos de los infieles y devuelta a sus fieles adoradores.
LA SANTA CRUZ REPUESTA EN JERUSALÉN
Heraclio se embarcó para Palestina en la primavera del año siguien­te (629) con el intento de reponer por sí mismo la augusta reliquia en el Monte Calvario y dar gracias a Dios una vez más por los favo­res de que le había colmado.
Su conducta, en estas circunstancias, fue uno de los homenajes más brillantes que se hayan rendido por los reyes de la tierra a Aquel de quien proceden toda justicia y realeza.
Al entrar en la ciudad, el emperador, quiso llevar por sí mismo la Cruz sobre sus hombros, participando así, en cierto modo, de las humi­llaciones del Hombre Dios. En medio del religioso silencio de los espec­tadores, se adelantó hasta la puerta que da a la montaña santa, pero al llegar a esta puerta, de repente se paró, pues una fuerza misteriosa le impedía avanzar. Sorprendido y extrañado de lo que le sucedía, se volvió al patriarca Zacarías, el cual le dijo: «Príncipe, pensad que tal vez, el ropaje de que estáis revestido, no sea conforme al estado de pobreza y de humildad de Nuestro Señor Jesucristo cargado con su Cruz; Él estaba coronado de espinas cuando atravesaba las calles de esta ciudad, para ir a consumar su sacrificio y vos lleváis una rica diadema; vos vais cal­zado y Él iba descalzo».
Movido por estas palabras cuya verdad reconoció, Heraclio apresu­róse a deponer sus ricas vestiduras y los símbolos de su dignidad y se puso un hábito sencillo que evocaba la humilde túnica de Cristo, y así continuó sin dificultad su camino hasta el Calvario.
Allí, en presencia de inmensa concurrencia de fieles, la Cruz fue re­plantada ante el universo para ser por siempre el objeto de nuestro culto y de nuestra veneración. Para exaltar más su gloria y hacer su triunfo aún más memorable, Dios permitió, que por la virtud de este leño santo, se verificasen en aquella circunstancia numerosos milagros: resurrec­ción de varios muertos, curación de paralíticos, de diez leprosos, mu­chos posesos se vieron libres del demonio, infinidad de enfermos sa­nos de sus dolencias.
CULTO TRIBUTADO A LA CRUZ POR LA PIEDAD DE LOS FIELES
Tal es la historia de esta fiesta con la que se relacionan los princi­pales hechos de la historia del cristianismo. Por mucho tiempo ha sido celebrada en Oriente y el 14 de septiembre acudían a Jerusalén peregrinos de todas las naciones del mundo para celebrar la recu­peración de la Santa Cruz.
El 14 de septiembre de 335 habíase celebrado la dedicación de la basílica constantiniana que cubría bajo sus bóvedas el Calvario al par que el Santo Sepulcro. La peregrina española Eteria —siglo IV— dice que «en esa fecha se descubrió la Cruz y por eso se celebra esa solemnidad con tanta pompa como la misma fiesta de Pascua y de Epifanía». He ahí el origen de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz a la que parecen haberse referido muchas de las efemérides gloriosas de la Enseña cris­tiana a través de los siglos, y a la que el prodigioso acontecimiento qué relatamos dio su significación definitiva.
Los piadosos habitantes del Líbano, particularmente, la han celebra­do siempre con devoción y solemnidad especiales. En la vigilia de la fiesta, al atardecer se encendían incontables hogueras en las alturas, que rivalizando en luminosidad con el centelleo de las estrellas se reflejaban en el azul del vecino mar. No había colina, roca, ribazo o cabana, desde el pie a la cima de las más altas montañas, desde Sidón hasta Trípoli; en donde no se rindiese público homenaje a la Cruz. No había católico que no se asociase a la fiesta y alegría de la Iglesia. Todas las campanas unían sus voces a los cantos de los fieles, al murmullo de las olas, a la alegría de la tierra para exaltar al árbol de vida que trajo la salud al mundo.
En Occidente, la piedad de los cristianos ha consagrado igualmente desde tiempo ha, el recuerdo de esta fiesta. Se exponían en ese día a la adoración pública y se daba a besar a los fieles las reliquias de la verda­dera Cruz en las iglesias que tienen la dicha de poseer alguna partícula de ella.
TRIUNFO DE LA CRUZ A TRAVÉS DE LOS TIEMPOS
En un sentido más general, la fiesta de la Exaltación de la Cruz es la figura del triunfo de la Santa Cruz de Jesucristo sobre el error: triun­fo de Constantino sobre los tiranos, sus enemigos; de los Papas so­bre los emperadores simoníacos de Alemania; del principio de la civili­zación cristiana sobre la barbarie armada.
Se diría que la Providencia, queriendo eternizar la gloria y conquis­tas de la Cruz se ha complacido en multiplicar en todas las épocas sus enemigos para también multiplicar sus triunfos. Ya son los iconoclastas que durante siglos luchan con rabia salvaje para hacer desaparecer todos los emblemas de nuestra santa religión, y en particular el signo adorable de nuestra redención; ya los musulmanes e infieles que en tiempo de las Cruzadas, particularmente, juran exterminar desde el último discípulo de Cristo hasta los postreros vestigios del cristianismo.
Cuando parece que todo ha acabado, que la Cruz ha desaparecido para siempre anegada en sangre de mártires, de repente vense a los pueblos levantarse con magnífico arranque y volar a su defensa ya en Europa, ya en lejanas tierras, en cualquier parte en donde esté amenazada, y la Cruz reaparece en el horizonte, anunciando al universo pacificado que su reino durará siempre.
Las furias revolucionarias vendrán a su vez, amenazando sepultar la Cruz en el abismo a donde tantas grandezas han precipitado y hecho desaparecer; pero también sus esfuerzos serán impotentes, sus amenazas sin efecto y sus maquinaciones ineficaces.
El hacha impía y sacrilega, la tea revolucionaria y la bomba destruc­tora que hicieron astillas o redujeron a polvo y cenizas o volaron en mil trozos las cruces venerandas de nuestros templos, de nuestras plazas pú­blicas y caminos, de nuestras escuelas y hospitales, se romperán y apa­garán, y la Cruz permanecerá incólume en medio de tanta ruina. Filóso­fos, revolucionarios, legisladores sin fe, sectarios arteros, bajarán triste­mente a la tumba, y sobre el polvo mudo de sus rostros la Cruz se alzará siempre triunfante y gloriosa, permanecerá enhiesta sobre las ruinas amontonadas por las pasiones humanas, siempre inquebrantable, siem­pre triunfante. Cada nuevo día extiende más lejos sus brazos victoriosos para bendecir a nuevas naciones y cobijar nuevas tierras.
Compañera inseparable del misionero ha penetrado en la pobre caba­ña del salvaje, en las islas lejanas y perdidas del océano, en las naciones y pueblos más inhóspitos para llevar a ellos el bálsamo de los consuelos celestiales, hacer brillar la esperanza y endulzar la amargura de las pe­nalidades de esta vida.
La Exaltación de la Cruz es el triunfo de todas las virtudes que dis­tinguen al cristianismo: la mortificación, humildad, pobreza y amor al prójimo, sobre la voluptuosidad, el orgullo y la ambición, sobre todos esos vicios que el mundo ha divinizado y que la religión trata de des­arraigar. Es como una síntesis de los anales del cristianismo, como un recuerdo de su doble influencia sobre los hombres operada por las doc­trinas y por los hechos; es la victoria de la Iglesia sobre el mundo, del espíritu sobre la carne, es el exponente de la Pasión de Cristo.
Cada año celebra el Universo una verdadera apoteosis de la Cruz y de sus misterios durante las solemnidades a la Semana Mayor, singularmente en la jornada del Viernes Santo. Claro que los homenajes se dirijen a Jesucristo Crucificado, pero es que la Cruz no se concibe sin Jesucristo. El Crucificado, síntesis feliz de la obra redentora, recibe en esos vene­randos días —los disantos— los más puros afectos de los hombres redi­midos. Gime la Iglesia y medita silenciosa en los fúnebres oficios de la mañana de la parasceve.
Adora reverente la Cruz preciosa mientras el coro derrama las no­tas quejumbrosas del Popule meus. Discurren fervorosos los sagrados oradores sobre el tema inagotable de las «Siete palabras», que el pueblo fiel escucha con mística exaltación. Hoy las maravillas de la radiodi­fusión y televisión llevan al hogar y a la plaza pública los ecos salutí­feros de la divina palabra y truecan así por unas horas en templo todos los poblados.
Relieve singular alcanza la cristiana conmemoración y el cálido ho­menaje a la cruz bendita —dulce lignum, dulces clavos— en los sitios más célebres de la Tierra: Jerusalén, Roma, las diversas capitales del mundo, las ciudades a las que la Providencia hizo el obsequio de una re­liquia insigne del Redentor y hasta aldeas como la bávara Oberammergau, donde cada diez años desde el famoso del voto público se lleva al escenario de la Naturaleza el drama plástico y vivido de la Pasión por obra del pueblo entero.
¡Las procesiones! En esto se lleva la palma indiscutiblemente Espa­ña. Y no sólo el sur, ocurrente y magnífico siempre, sino también el cen­tro, austero y recio hasta cuando reza, y el norte, piadoso por herencia.
Se honra al dolor, en estos días y con estas populares explosiones de religioso entusiasmo: al Dolor supremo que quita la vida al Autor de ella. La Cruz desnuda precede a las innumerables cofradías que desfilan enlutadas por las plazas y avenidas. Siguen los «pasos», todos expresión patética de la infinita pena del Señor o de su Santísima Madre, pena que culminó en el Monte Santo, en la Cruz y junto a la Cruz. Y llueven las «saetas» —poesía y plegaria a la vez— que rasgan el viento perfumado de la noche, escuchadas por todos con silencio ritual.
A este homenaje sin par ha precedido la labor meritísima de los ar­tistas imagineros, de que siempre abundó también España. Y así vemos cada año con renovada admiración las maravillosas tallas del Crucificado o de la Dolorosa, obra de gubias ya celebérrimas en la historia del Arte.
La Naturaleza en tanto, pasado ya el invierno, se abre jubilosa a la renaciente primavera, que unas veces llora en celebración delicada del magno acontecimiento y otras luce esplendente un sol prometedor, bella epifanía de colores que preparan el ánimo a las inmortales alegrías de la Resurrección.
O Crux, ave, spes única,
Mundi salus et gloria.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Este domingo: LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ


Esta fiesta antiquísima tuvo su origen en 335, al ser dedicada en este día la Basílica constantiniana del Calvario y del Santo Sepulcro. Más tarde, Heraclio reconquistó la Ciudad Santa, ocupada por los persas, y quiso llevar la Cruz a cuestas hasta la cima del Calvario, sin despojarse de sus vestiduras regias. Una fuerza invisible parecía detenerle, cuando el Obispo de Jerusalén le amonestó con estas palabras: "Mirad que con este traje de fausto no imitáis bien la pobreza de Jesucristo". Se despojó Heraclio de sus vestiduras y se echó encima un manto raído; después de lo cual, llegó sin dificultad hasta el sitio de la crucifixión.
El INTROITO canta los triunfos de la cruz, que es nuestra salvación, vida y resurrección, de los cuales es la Misa la renovación y continuación perenne, por el recuerdo de los efectos.
Introito (Gal. 6). A nosotros nos conviene gloriarnos en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo, en el cual está la salvación, la vida y la resurrección, por el cual hemos sido salvados y liberados. (Ps. 66) Dios se apiade de nosotros y nos bendiga; haga resplandecer sobre nosotros su rostro, y nos mire con benignidad. - Gloria.
Oración: Oh Dios, que nos alegras todos los años en este día con la solemnidad de la Exaltación de la Santa Cruz; te pedimos nos condedas que, habiendo profesado el la tierra el misterio de la cruz, alcancemos en el cielo el premio de la redención.
En la EPISTOLA nos dice que debemos tener los mismos sentimientos que Jesucristo, y nos presenta al Redentor, que oculta su grandeza divina, tomando vestidura de siervo y obedeciendo al Padre hasta morir con la muerte más ignominiosa y cruel. Pero a las humillaciones sigue el triunfo de la Resurrección.
Epístola (Fil. 2, 5-11): Hermanos: Abundad en los mismos sentimientos que los de Jesucristo: el cual, teniendo la naturaleza de Dios, no tuvo por usurpación al ser igual a Dios: no obstante se anonadó a sí mismo, tomando la forma de siervo, hecho semejante a los demás hombres y reducido a la condición de hombre. Se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz. Por lo cual, también Dios le ensalzó, y le dió un nombre sobre todo nombre, a fin de que al nombre de Jesús se doble toda rodilla (aquí se hace genuflexión) en el cielo y en la tierra y en los infiernos: y toda lengua proclame que el Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre.
Gradual (Fil.2): Cristo se ha hecho obediente por nosotros hasta la muerte, y muerte de Cruz.- Por lo cual, también Dios le ensalzó y le dio un nombre sobre todo nombre.
Aleluya, aleluya.¡ Oh dulce leño, dulces clavos que sostuvisteis tan digno peso! que fuisteis solos dignos de llevar al Rey y Señor de los cielos. Aleluya.
El EVANGELIO , fragmento de la lectura evangélica del sábado de la Semana de Pasión, contiene las palabras de Cristo profetizando su muerte en la Cruz y la atracción desde allí de toda la humanidad.
Evangelio (Jn., 12, 31-36): En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Ahora mismo va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea levantado sobre la tierra, todo lo atraeré a mi. Eso lo decía para significar de qué muerte había de morir. Le replicó la gente;Nosotros sabemos por la Ley que el Cristo debe vivir eternamente. ¿Cómo dices pues, tú que debe ser levantado en alto, o crucificado, el Hijo del hombre? ¿Quién es ese Hijo del Hombre? Les respondió Jesús: La luz aún está entre vosotros por un poco de tiempo; caminad pues, mientras tenéis luz, para que las tinieblas no os sorprendan; que quien anda en tinieblas no sabe dónde va. Mientras tenéis luz, creed en la luz, para que seáis hijos de la luz.
Ofertorio: Protege, Señor, a tu pueblo por la señal de la Santa Cruz contra las asechanzas de todos los enemigos; para que nuestros obsequios te sean gratos, y nuestro sacrificio aceptable. Aleluya.
Secreta: Te rogamos, Señor y Dios nuestro, los que vamos a ser alimentados con el Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, que santificó el estandarte de la Cruz, que así como hemos podido adorarle en esta vida, lleguemos también algún día a gozar de su gloria eternamente.
Comunión: Por la señal de la Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
Poscomunión: Asístenos, Señor y Dios nuestro; y a los que proporcionas el gozo de honrar la Santa Cruz, protégelos perfectamente con tu auxilio. Por N.S.J.C...

viernes, 12 de septiembre de 2008


14 DE SEPTIEMBRE


I ANIVERSARIO DE LA PUESTA EN VIGOR DEL MOTU PROPRIO SUMMORUM PONTIFICUM


FIESTA DE LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ


En el templo parroquial de Santa Cruz de Mondoy,


a las 20,00 hrs.


MISA TRADICIONAL CANTADA

Con motivo del I Aniversario de la puesta en vigor del Motu proprio Summorum Pontificum promulgado por S. S. Benedicto XVI, el domingo 14 de septiembre, a las 20,00hrs. en la parroquia de Santa Cruz de Mondoy (Oza de los Ríos-Betanzos-La Coruña), se celebrará una Misa cantada de acción de gracias siguiendo la forma extraordinaria del rito romano.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Explicación de la Santa Misa (XI): el Dominus vobiscum y la oración colecta


Bien se diga el Gloria in excelsis, o se suprima el himno angélico, se concentra su viva exposición en el saludo que hace el sacerdote al pueblo con estos términos: El Señor sea con vosotros. Este saludo es el principio de todas las colectas y exhortaciones. Consideremos esta salutación en las ceremonias que la acompañan. Va precedida por el beso de la paz dado al altar, recogido, por decirlo así, de la boca de Jesucristo: el sacerdote lo da tendiendo los brazos hacia los asistentes, como para abrirles el seno de la misericordia, y volviendo a unir las manos como para estrecharlos en el seno de la caridad. El pueblo devuelve el saludo con este acento respetuoso: y con tu espíritu. Que el Señor sea el lazo de unión entre ti y nosotros; que nuestra causa sea común y que nuestra docilidad sea atenta a tu recomendación.
A esta advertencia solemne, el sacerdote se ha dirigido al lado derecho del altar para recitar la colecta o colectas si el orden del oficio marca que se reciten varias. Aquí es donde debe leer lo que sigue hasta el Evangelio, en el llamado "lado de la Epístola".
Si solo consideramos las colectas respecto a su antigüedad y a los autores eclesiásticos que las redactaron se nos presentan rodeadas del respeto y fervor de los tiempos apostólicos. Las más antiguas son las que se recitan el Viernes Santo; las de la mayor parte de los domingos del año están sacadas de los sacramentales de San Ambrosio y San Gregorio. El estilo de las colectas es rico en su sencillez, preciso en su abundancia, admirable en su doctrina y moral, su giro sentencioso se retiene fácilmente en la memoria.
Seis cosas hay que advertir en las colectas: 1º Aquel a quien se dirigen, que es Dios Padre: Dios todopoderoso y eterno; 2º, el motivo que se alega para obtener lo que pedimos: que en la abundancia de vuestra bondad excedes los méritos y oraciones de los que te imploran; 3º, la gracia que se solicita: derrama sobre nosotros tu misericordia; 4º, el objeto al que se dirige la oración: para que perdones lo que turba nuestra conciencia y nos des lo que nuestra oración no osa pedirte; 5º, la conclusión, que es siempre en nombre y por los méritos del Salvador, por Nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que siendo Dios vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos; 6º, la aclamación del pueblo que ratifica todos los pormenores y todo el espíritu de la oración común, así sea; amén.
Este amén es, pues, un consentimiento dado solemnemente a lo que expresa la oración; y el corazón y las disposiciones interiores deben ir acordes con esta ratificación.

martes, 9 de septiembre de 2008

Conferencia en Roma sobre Summorum Pontificum

Roma acogerá entre los próximos 16 y 18 de septiembre una interesante conferencia organizada por el movimiento Católico " Giovani e Tradizione ", con el patrocinio de la Pontificia Comisión «Ecclesia Dei». Entre los conferencistas se puede ver entre otros, al Vicepresidente de «Ecclesia Dei», Mons. Camille Perl; al consultor de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Mons. Nicola Bux; al P. Joseph Kramer, FSSP, párroco de la iglesia della SS. Trinità dei Pellegrini en Roma. Pinchando en la imagen de la izquierda pueden acceder al programa. Tambien se puede ver la programación en el blog del movimiento: Giovani e Tradizione .

viernes, 5 de septiembre de 2008

DOMINGO DIECISIETE DESPUÉS DE PENTECOSTÉS


A la astuta pregunta que un fariseo se atreve a dirigir al Maestro sobre cuál es, según su parecer, el primer mandamiento, Jesucristo le contesta, con sencillez, citando las palabras del Deuteronomio, que dice: Que es el amor más completo y perfecto para con Dios; y sobre esto no puede haber lugar a vacilaciones ni a dudas.
Pero como Jesucristo sabría que se nos olvia con frecuencia otra gravísima obligación que existe, de amar ordenadamente y por motivos elevados a los demás, al mismo tiempo que ponía el amor para con Dios como primer mandamiento, base de toda ley y de toda moralidad, añadió con insistencia a continuación, que había otro segundo mandamiento importantísimo también, cual era amar al prójimo, no siendo posible que uno ame a Dios debidamente y que al mismo tiempo odie de corazón a sus hermanos.
Mucho recomienda Jesucristo el amor para con los prójimos; muy necesario debe ser para el egoísmo humano este mandato. Procuremos ser cristianos en nuestras relaciones afectivas con nuestros semejantes, amándolos con el pensamiento, con las palabras, con las palabras, con las obras y con el corazón. Hagámosles el bien que podamos, material y sobre todo espiritualmente, con el consuelo, el ejemplo y el consejo.
En el INTROITO se proclama la rectitud de la justicia de Dios, al mismo tiempo que se le pide que al juzgarnos lo haga con la benignidad de su midericordia. Pero no olvidemos que seremos juzgados con la misma medida con la que juzguemos a nuestros hermanos.
Introito (Ps. 118): Justo eres Señor, y rectos son tus juicios; trata a tu siervo conforme a tu misericordia. - Dichosos los inmaculados en su proceder que andan siguiendo la ley de Dios. - Gloria al Padre...
Oración: Te rogamos Señor, concedas a tu pueblo evitar el contagio del demonio, y seguirte con pura conciencia a ti, el único Dios. Por Nuestro Señor Jesucristo...
En la EPISTOLA, el apóstol San Pablo nos amonesta a que vivamos conforme a nuestra vocación de cristianos, recomendándonos de un modo especial la práctica de estas tres virtudes: la humildad, la mansedumbre y la paciencia en la caridad, puesto que todos somos miembros del mismo cuerpo místico de Cristo, la Iglesia.
Epístola (Ef., 4 1-6). Os exhorto hermanos, yo preso por el Señor, a caminar de un modo digno de la vocación con la que fuisteis llamados, con toda humildad de corazón y mansedumbre, con paciencia, sufriéndoos unos a otros con caridad, cuidando de conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo espíritu, así como fuisteis llamados en una sola esperanza de vuestro llamamiento: un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo: un solo Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por medio de todos y en todos nosotros. El cual sea bendito por los siglos de los siglos. Amén.
Gradual (Ps. 32): Feliz la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo a quien escogió el Señor por herencia propia. Por la palabra del Señor se fundaron los cielos, y del soplo de su boca nace todo su concierto.
Aleluya, aleluya (Ps. 101). Escucha Señor mis ruegos, y llegue hasta ti mi clamor. Aleluya.
En el EVANGELIO , nuestro Señor Jesucristo nos da la síntesis de toda la Ley: el amor a Dios, y al prójimo como a nosotros mismos por amor a Dios, vínculo de caridad, que es el lazo que une a los hijos de Dios entre sí y con el Padre celestial.
Evangelio (Mt., 22, 34-46): En aquel tiempo: Los fariseos se acercaron a Jesús. Y uno de ellos, doctor de la Ley, le preguntó para tentarle: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley? Le respondió Jesús: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el máximo y primer mandamiento. El segundo es semejante a éste, y es: amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos está cifrada toda la Ley y los profetas. Estando junto a los fariseos, Jesús les hizo esta pregunta: ¿Qué os parece a vosotros del Mesías?¿De quién es hijo?. Le dicen: de David. Les replicó :¿Pues cómo David, en espíritu profético le llama su Señor, cuando dice: "Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, mientras tanto que pongo tus enemigos por peana a tus pies? Pues si David le llama Señor, ¿cómo cabe que sea hijo suyo? A lo cual nadie pudo responderle una palabra; ni hubo ya quien desde aquel día osase hacerle más preguntas.
Ofertorio (Dn.9): Yo Daniel, he orado a mi Dios diciéndole: Señor oye las súplicas de tu siervo; que tu divina faz resplandezca en tu santuario. Escucha propicio oh Dios, y atienda a este pueblo, sobre el que ha sido invocado tu nombre.
Secreta: Suplicamos humildemente a tu Majestad, oh Señor, que estos misterios que estamos celebrando, nos libren de los delitos pasados y de los futuros. Por nuestro Señor Jesucristo....
Comunión: Haced votos al Señor Dios vuestro y cumplidlos todos los que a su alrededor traéis ofrendas a este Dios terrible, que abate el orgullo de los príncipes, terrible a los reyes de la tierra.
Poscomunión: Tus sacramentos, Señor, curen nuestros vicios, y nos den los remedios eternos. Por nuestro Señor Jesucristo...

martes, 2 de septiembre de 2008


LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA

Y LA CORRECTA TRADUCCIÓN DE "PRO MULTIS"

Quedan menos de dos meses. ¿Qué se ha hecho de las instrucciones dadas por Roma?


El 17 de octubre de 2006, el Cardenal Francis Arinze, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, solicitó a los Presidentes de las Conferencias Episcopales que en el plazo de dos años emprendieran una catequesis a los fieles sobre la correcta traducción de las palabras de la consagración del vino en la Santa Misa; esto es, que, al contrario de lo que se ha venido haciendo en nuestra Patria (y en muchos otros países), las palabras "pro multis" no sean traducidas "por todos los hombres" sino "por muchos".

El 17 de octubre se cumplirá el plazo (2 años).

A continuación reproducimos un correo enviado por uno de los socios de Una Voce La Coruña a la Conferencia Episcopal Española solicitando información sobre este asunto.

Tal vez pueda servir de ejemplo y modelo para que otros de nuestros lectores hagan llegar peticiones similares a la Conferencia Episcopal Española (CEE), presidida por el Cardenal Rouco, o más concretamente a la Comisión Episcopal de Liturgia presidida por D. Julián López Martín, Obispo de León.

Aunque consideramos que lo idóneo es el uso del latín, y lo óptimo el rezo del Misal del beato Juan XXIII, mientras no cambie el estado de cosas actual, hagamos campaña para que el Misal de Pablo VI sea correctamente traducido.


Emmo. y Rvdmo. Sr. D. Antonio María Rouco Varela
Presidente de la Conferencia Episcopal Española
Emmo. y Rvdmo. Sr.:
El 17 de octubre de 2006, el entonces Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Cardenal Francis Arinze, solicitó a los Presidentes de las Conferencias Episcopales que en el plazo de dos años emprendieran una catequesis a los fieles sobre la más correcta traducción de las palabras de la consagración del vino en la Santa Misa, esto es, que al contrario de lo que se ha venido haciendo en nuestra Patria (y en muchos otros países), las palabras "pro multis" no sean traducidas "por todos los hombres" sino "por muchos". (Carta de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos a Sus Eminencias/Excelencias, Presidentes de las Conferencias Episcopales Nacionales)
Faltan menos de dos meses para que el plazo estipulado por el Cardenal Arinze termine y un servidor no ha tenido noticia de que la Conferencia Episcopal Española haya organizado iniciativa alguna al respecto.
Como fiel católico español, preocupado por la doctrina de la fe y muy especialmente por todo aquello tocante a la liturgia, humildemente ruego a Vra. Em. tenga a bien informarme si se está realizando ya alguna actividad para explicar a clérigos, religiosos y laicos el cambio en la traducción del “pro multis” que -dada la obediencia a la Santa Sede que la caracteriza- imagino será adoptado por esa Conferencia Episcopal en la próxima traducción del Misal.

Implorando Vra. Bendición, beso Vro. Episcopal anillo.



Reproducimos asimismo el documento de la Congregación para el culto.

Carta de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos a Sus Eminencias/Excelencias, Presidentes de las Conferencias Episcopales Nacionales


(17 de octubre de 2006)


CONGREGATIO DE CULTU DIVINO ET DISCIPLINA SACRAMENTORUM


Prot. n. 467/05/L


Roma, 17 de octubre de 2006


Su Eminencia / Su Excelencia


En julio de 2005 esta Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, de acuerdo con la Congregación para la Doctrina de la Fe escribió a todos los presidentes de las Conferencias Episcopales para preguntar su estimable opinión sobre la traducción a varias de las lenguas vernáculas de la expresión pro multis en la fórmula de la consagración de la Preciosísima Sangre durante la celebración de la Santa Misa (ref. Prot. n. 467/05/L, del 9 de julio de 2005).


Las respuestas de las Conferencias Episcopales fueron estudiadas por dos Congregaciones y el informe presentado al Santo Padre.


Por su directiva, esta Congregación ahora escribe a Su Eminencia /Su Excelencia en los siguientes términos.


1. El texto, correspondiente a las palabras pro multis, entregado por la Iglesia a lo largo del tiempo −que constituye la fórmula que ha sido de uso en el Rito Romano desde los siglos más tempranos− en los últimos 30 años o término cercano, en algunos textos aprobados en lengua vernácula ha sido traducido en el sentido interpretativo de “por todos”, “for all”, “per tutti”, o equivalentes.


2. No hay duda, en cualquier caso, sobre la validez de las Misas celebradas con el uso debidamente aprobado de la fórmula que contiene una fórmula equivalente a “por todos”, como la Congregación para la Doctrina de la Fe ha declarado ya (cf. Sacra Congregatio pro Doctrina Fidei, Declaratio de sensu tribuendo adprobationi versionum formularum sacramentalium, 25 Ianuari 1974, AAS 66 [1974], 661). Verdaderamente, la fórmula “por todos” seguramente correspondería a la intención del Señor expresada en el texto. Es dogma de fe que Cristo murió en la Cruz por todos los hombres y mujeres (cf. Juan 11,52; 2 Corintios 5,14-15; Tito 2,11; 1 Juan 2,2).


3. Hay, sin embargo, muchos argumentos en favor de una traducción más precisa de la fórmula tradicional pro multis:


a. Los Evangelios sinópticos (Mateo 26,28; Marcos 14,24) hacen una referencia específica a “muchos” (la palabra griega transliterada sería polloi) por los cuales el Señor está ofreciendo el Sacrificio, y estas palabras han sido remarcadas por algunos eruditos bíblicos relacionándolas con las palabras del profeta Isaías (53,11-12). Sería completamente posible que los Evangelios hubiesen dicho “por todos” (por ejemplo, cf. Lucas 12,41); pero, la fórmula de la narración de la institución dice “por muchos”, y estas palabras han sido fielmente traducidas por la mayoría de las versiones bíblicas modernas.


b. El Rito Romano en latín siempre ha dicho pro multis y nunca pro omnibus en la consagración del cáliz.


c. Las anáforas de los distintos ritos orientales, sea el griego, el siríaco, el armenio, el eslavo, etc. contienen fórmulas verbales equivalentes al latín pro multis en sus respectivos idiomas.


d. “Por muchos” es una traducción fiel de pro multis en tanto que “por todos” es más bien una explicación más adecuada a la catequesis.


e. La expresión “por muchos”, mientras permanece abierta a la inclusión de cada uno de los seres humanos, refleja, además el hecho de que esta salvación no es algo mecánico, sin el deseo o la participación voluntaria de cada uno; por el contrario, el creyente es invitado a aceptar por la fe el don que le es ofrecido y a recibir la vida sobrenatural que es dada a los que participan del misterio, viviéndolo en sus vidas de modo tal que sean parte del número de los “muchos” a los que se refiere el texto.


f. En concordancia con la Instrucción Liturgiam Authenticam, ha de hacerse un esfuerzo para ser más fieles a los textos latinos de las ediciones típicas.


4. A las Conferencias Episcopales de aquellos países donde la fórmula “por todos” o su equivalente está en vigencia en la actualidad se les solicita que emprendan una catequesis de los fieles sobre esta materia en el próximo año o dos para prepararlos a la introducción de una precisa traducción en lengua vernácula de la fórmula pro multis (por ejemplo, “for many”, “por muchos”, “per molti”, etc.) en la próxima traducción del Misal Romano que los Obispos y la Santa Sede hayan de aprobar para el uso en su país.


Con la expresión de mi alta estima y respeto, permanezco, Su Eminencia/Su ExcelenciaDevotamente suyo en Cristo.


Francis Cardenal Arinze


Prefecto.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Las páginas The new liturgical movement y una voce - Málaga, han dado la noticia de la Misa solemne celebrada por el arzobispo Edmond Farhat, Nuncio Apostólico de Su Santidad en Austria, con la que se clausuró la Conferencia sobre Liturgia celebrada en Budapest, Hungría. La celebración tuvo lugar en la Parroquia de Santa Teresa de Ávila. Una excelente noticia que confirma el crecimiento de la Misa tradicional en Europa. España aún es una excepción a este movimiento.