sábado, 1 de noviembre de 2008

Domingo XXV después de Pentecostés

Directorio de la Misa: Entre el domingo de Epifanía y el tiempo de Septuagésima puede haber entre dos y seis domingos, según cuadre más alta o más baja la Pascua. Los domingos de después de Epifanía que no se celebran -llamados domingos móviles- se celebran entre el domingo de Cristo Rey y el primer domingo de Adviento, con las variaciones señaladas cuando tienen que celebrarse en esta época. Los textos de este domingo son los del cuarto domingo después de Epifanía con el formulario correspondiente al mes de noviembre.
Describe hoy el Santo Evangelio una furiosa tempestad desencadenada en el mar de Genesaret, y sosegada por Jesucristo, el cual, con gran majestad, manda allar a los vientos. También el Divino Salvador aquietará nuestra alma ante el ímpetu violento de nuestras pasiones si acudimos a Él confiadamente y con voluntad decidida de no sucumbir.

En el INTROITO, al llegar al Santuario oímos la voz de Dios que nos habla por boca del profeta Jeremías, para darnos su mensaje de paz, su promesa de oir nuestras oraciones y redimirnos de la esclavitud de Satanás.

Introito: Dice el Señor: yo abrigo pensamientos de paz y no de aflicción; me invocarféis y yo os oiré, y haré volver a vuestros cautivos de todos los lugares. (Ps.84) Has bendecido Señor a tu tierra; has terminado con la cautividad de Jacob. -Gloria.

Oración: ¡Oh Dios! Tú sabes que, dada la humana flaqueza, y viéndonos en tantos peligros, no podemos sostenernos sin tu ayuda; danos salud de alma y de cuerpo y vencer con tu auxilio en la lucha que por nuestros pecados padecemos. Por N.S.J.C...

En la EPISTOLA nos enseña que el amor al prójimo es la síntesis de todos los deberes que tenemos para con nuestros hermanos como consecuencia del amor a Dios y la plenitud de la Ley: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda el alma y con todo tu entendimiento"

Epistola (Rm., 13, 8-10): Hermanos: NO debáis a nadie nada sino el mutuo amor; porque el que ama al prójimo ha cumplido ya la Ley. En efecto, no adulterarás, no matarás, no hurtarás, no darás falso testimonio, no codiciarás; y si algún otro mandamiento queda, en esta sentencia queda resumido: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor que se tiene al prójimo no sufre que se le haga daño alguno; así que el cimplimiento de toda la ley está en el amor.

Gradual (Ps. 43): Señor, tu nos has liberado de aquellos que nos afligían y has confundido a los que nos aborrecían.- En Dios nos gloriaremos siempre y en tu nombre te alabaremos por los siglos.

Aleluya, aleleuya. (Ps.129) Desde lo hondo a ti grité Señor; Señor, escucha mi oración. Aleluya.

En el EVANGELIO es la narración del milagro de Jesús, calmando la tempestad en el mar de Genesaret. Los discípulos y amigos del Señor no están exentos de las pruebas y signos de la vida humana; pero éstos desaparecen con una sola palabra del Señor.

Evangelio (Mat., 8,23-27). En aquel tiempo: Jesús entró en una barca acompañado de sus discípulos. Y he aquí que se levantó una gran tempestad tan recia en alta mar, que las olas cubrían la barca; pero Jesús estaba durmiendo. Y acercándose a él sus discípulos, le despertaron diciendo: Señor sálvanos, que perecemos. Les dice Jesús: ¿De qué teméis, hombres de poca fe? Entonces puesto en pie, mandó a los vientos y al mar que se apaciguaran, y siguió una gran bonanza. De lo cual, asombrados todos los que estaban allí, se decían: ¿Quién es este que hasta los vientos y el mar le obedecen?

Ofertorio (Ps.129): Desde el abismo grité al Señor: Señor, oye mi oración; desde el abismo clamé a Ti.

Secreta: Te pedimos, Dios todopoderoso, nos concedas que el don de este sacrificio purifique siempre y fortalezca nuestra flaqueza. Por N. S. J. C....

Prefacio: Como en todos los domingos "de verde" (de después de Pentecostés) se reza el prefacio de la Santísima Trinidad.

Comunión: En verdad os digo que todo lo que pidiéreis en la oración, creed que lo recibiréis y se os concederá conforme a vuestro deseo.

Poscomunión: Que tus dones, Señor, nos vayan despegando de los deleites terrenalesy que nos restauren siempre con tus celestiales alimentos. Por N. S. J. C...


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