sábado, 20 de septiembre de 2008

Domingo diecinueve después de Pentecostés

Del Evangelio de este día se desprende una consecuencia que no debemos olvidar nunca: que son muchos los llamados y pocos los escogidos. Lo cual nos pone de manifiesto, que no les basta, a los que han llegado al uso de razón, estar bautizados y pertenecer a la Iglesia, sino que además, que conserven en el alma la gracia santificante o la recuperen si la han perdido. Hay cristianos que se mofan de la religión o que no la practican; otros, que no se atreven a tanto, pero no cumplen sus deberes religiosos, siquiera los más necesarios, viven absorbidos por sus quehaceres o entregados a sus diversiones; son cristianos de nombre, pero sin obras de cristianos. Esos tales, corren inminente riesgo de que les sorprenda la muerte sin el vestido de bodas.
Oremos por esos cristianos tibios y ayudémosles, si nos es posible, a salir de esa tibieza religiosa; que oiban el llamamiento, que tal vez es la última invitación para participar del banquete nupcial de la eternidad.
En el INTROITO, en su antífona y versículo, el Señor nos asegura solemnemente su protección y nos invita a oír sus palabras.
Introito : Yo soy la salvación del pueblo, dice el Señor; en cualquier tribulación en que gritaren a mi, les oiré, y seré su Señor para siempre. (Ps. 77) Atiende, pueblo mío a mi ley; inclina tus oídos a las palabras de mis labios. - Gloria al Padre..
Oración: Omnipotente y misericordioso Dios, aparte propicio todo lo que nos es adverso; para que libres en alma y cuerpo, cumplamos con libre voluntad tus deseos. Por Nuestro Señor Jesucristo...
En la EPISTOLA , el apóstol San Pablo nos advierte la obligación que tenemos de despojarnos de las obras del hombre de pecado, y de revestirnos del hombre nuevo, creado a imagen de Dios, viviendo en justicia y santidad.
Epístola (Ef., 4 , 23-28): Hermanos, renovaos en el espíritu de vuestra alma, y revestíos del hombre nuevo, creado según Dios en justicia y caridad verdadera. Por lo cual, sacudiendo de vosotros la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo, como miembros que somos unos de otros. Airaos, pero no pequéis: el sol no se ponga durante vuestra indignación, ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, ya no hurte, sino más bien trabaje haciendo con las propias manos lo bueno, para tener de qué comunicar al que se halla en necesidad.
Gradual (Ps. 140): Ascienda mi oración ante tu presencia, como el incienso, Señor. Sea la elevación de mis manos como el sacrificio de la tarde.
Aleluya, aleluya. (Ps. 104), alabad al Señor, invocad su nombre; anunciad sus obras a los pueblos. Aleluya.
EVANGELIO: La parábola del banquete nupcial encierra varios simbolismos. En primer lugar, en aquellos que rechazan la invitación al banquete, está representado el pueblo judío, que al desposarse el Verbo divino con la humanidad, rechazó participar de su familia y persiguió a sus ministros, viendose reemplazado por los pueblos de la gentilidad, figurados en los viandantes, mandados a buscar por el rey.
Evangelio (Mat. 22, 1-14): En aquel tiempo, Jesús tomó la palabra y dijo una parábola a los príncipes de los sacerdotes y a los fariseos: En el Reino de los cielos acontece lo que cierto rey que celebró las bodas de su hijo. Envió a sus criados a llamar a los convidados a las bodas, pero éstos nos quisieron venir. Otra vez envió nuevos criados con orden de decir de su parte a los invitados: tengo dispuesto el banquete; he hecho matar mis terneros y demás animales cebados; todo está a punto; venid pues, a las bodas. Pero ellos no hicieron caso; antes bien, se marcharon, unos a su granja, y otros a sus asuntos cotidianos. Los demás cogieron a los criados, y después de haberlos llenado de ultrajes, los mataron. Lo cual, oído por el rey, montó en cólera, acabó con aquellos homicidas y arrasó su ciudad. Entpnces dijo a sus criados. Los avisos para la boda se hicieron, pero los invitados no eran dignos de acudir a ellas; id, pues, a los cruces de caminos, y a todos cuantos encontréis, invitadlos a las bodas. Al punto, los criados, saliendo a los caminos, reunieron a cuantos hallaron, buenos y malos; de suerte que la sala de bodas se llenó de gentes, que se pusieron a la mesa. Entrando después el rey a ver a los invitados, reparó allí un hombre que no iba con traje de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestido de boda? Pero él enmudeció. Entonces dijo el rey a sus ministros de justicia: Atadlo de pies y manos, y arrojadle fuera, a las tinieblas, allí será el llanto y el crujir de dientes. Ciero es que muchos son los llamados y pocos los escogidos.
Ofertorio (Ps. 137): Si me hallare, Señor, en medio de la tribulación, tu me animarás, porque extenderás tu mano contra el furor de mis enemigos y me salvará tu diestra.
Secreta: Estas ofrendas, que presentamos a tu majestad, te suplicamos que sean para nuestra salvación. Por Nuestro Señor Jesucristo...
Comunión (Ps. 118): Tú ordenaste que se guarden exactísimamente tus mandamientos; ojalá que sean enderezados mis pasos a cumplir tus justísimas leyes.
Poscomunión: Señor, que tu saludable acción nos libre por tu clemencia de nuestras adversidades, y nos haga caminar siempre por tus mandamientos. Por Nuestro Señor Jesucristo...

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